O.- PRESENTACIÓN: MARX Y LA TECNOCIENCIA.
Las páginas que siguen son un desarrollo de los apuntes que sirvieron de base para una conferencia-debate sobre globalización y nuevas tecnologías, pero, como frecuentemente ocurre, tanto las enseñanzas del debate como las reflexiones posteriores y el propio desarrollo de los apuntes, todo ello a la vez, han terminado por extenderse a los capítulos que siguen. De hecho, era obvio que no se puede entender la globalización sin el capitalismo, del mismo modo que tampoco se pueden entender las nuevas tecnologías sin la tecnociencia. Así es que, al final, el texto supera con mucho a la inicial exposición oral, aunque se mantiene el objetivo buscado. Como se apreciará, en este texto apenas aparecen desarrolladas consideraciones epistemológicas y mucho menos aún ontológicas, que, sin embargo, son imprescindibles para conocer qué es la tecnociencia. Sólo al final se anotan algunas cuestiones que entiendo elementales para fijar una crítica a la tecnociencia. En cuanto a la abundancia de citas, la razón es muy simple: es mejor dejar hablar a los autores, que empobrecer sus ideas con resúmenes voluntariosos, subjetivos e ignorantes.
Un ejemplo es Marx:
"Ya hemos hablado del ahorro que se obtiene con el empleo en común de los medios de producción por el obrero colectivo --por el obrero socialmente combinado-- en el proceso de producción. Más adelante examinaremos otros ahorros en cuanto a la inversión de capital constante, derivados del acortamiento del tiempo de circulación (donde constituye --cursivas mías-- un factor material esencial el desarrollo de los medios de comunicación) Aquí debemos decir algo acerca de la economía que se obtiene mediante el mejoramiento constante de la maquinaria, y más concretamente: 1º de su materia, empleando, por ejemplo, hierro en vez de madera; 2º del abaratamiento de la maquinaria conforme va progresando la fabricación de máquinas en general, de tal modo que aunque el valor de la parte fija del capital constante aumente constantemente a medida que se desarrolla el trabajo en gran escala, no aumenta ni mucho menos en el mismo grado; 3º de las mejoras especiales que permiten a la maquinaria ya existente trabajar más barato y con mayor eficacia, como ocurre, por ejemplo, con las mejoras introducidas en la caldera de vapor, etc., de lo cual diremos algo en detalle un poco más adelante; 4º de la reducción del coeficiente de desperdicios mediante maquinaria más perfecta". (1)
Marx también advirtió del papel de la ciencia en este proceso:
"El desarrollo de la capacidad productiva del trabajo en una rama de producción, por ejemplo, en la producción de hierro, de carbón, de máquinas, en el ramo de la construcción, etc., que en parte pueda hallarse coordinada a su vez con los progresos en el campo de la producción espiritual, v. gr., en el campo de las ciencias naturales y de su aplicación, puede aparecer como una condición necesaria para la reducción del valor y, por tanto, de los gastos, de los medios de producción en otras ramas industriales, por ejemplo, en la industria textil o en la agricultura (...) La característica de esta clase de economías del capital constante, fruto del desarrollo progresivo de la industria, es que la elevación de la cuota de ganancia en una rama industrial se debe aquí al desarrollo de la capacidad productiva del trabajo en otra rama. El capitalista se beneficia aquí, una vez más, con una ganancia que es producto del trabajo social, aunque no sea producto de los obreros directamente explotados por él. Aquel desarrollo de la capacidad productiva se reduce siempre en última instancia al carácter social del trabajo puesto en acción; a la división del trabajo dentro de la sociedad; al desarrollo del trabajo espiritual, y especialmente de las ciencias naturales". (2)
Por último, y sin extenderme en otras muchas citas de Marx y Engels, sí veo necesario acabar con una de sus afirmaciones categóricas que han sido confirmadas por el posterior desarrollo capitalista:
"Desarrollándose, las fuerzas de producción de la sociedad o fuerzas productivas del trabajo, se socializan y devienen directamente sociales (colectivas), gracias a la cooperación, la división del trabajo en el seno del taller, el empleo del maquinismo y, en general, las transformaciones que sufre el proceso de producción gracias al empleo consciente de las ciencias naturales, de la mecánica, de la química, etc., aplicadas a determinados fines tecnológicos, y gracias a todo lo que se vincula al trabajo efectuado a gran escala, etc. (Sólo este trabajo socializado es capaz de aplicar los productos generales del desarrollo humano --por ejemplo, las matemáticas-- al proceso de producción inmediato, estando determinado, a su vez, el desarrollo de esas ciencias, por el nivel alcanzado por el proceso de producción material).
Todo este desarrollo de la fuerza productiva del trabajo socializado, lo mismo que la aplicación de la ciencia al proceso de producción inmediato, ese proceso general del desarrollo social, se oponen al trabajo más o menos aislado y disperso del individuo particular y, en tanto que totalidad, se presenta directamente como fuerza productiva del capital, y no como fuerza productiva del trabajo aislado, o la de los trabajadores asociados en el proceso de producción, o, incluso, la de una fuerza productiva del trabajo que se identificara con el capital". (3)
Cuando Marx integra en el capital constante la "producción espiritual", el "trabajo espiritual" y las "ciencias naturales", lo mismo que cuando en otro lugar define a las universidades como "fábricas de educación", --sin poder precisar aquí que entendía Marx por "ciencia" (4)-- se adelanta a las investigaciones muy recientes sobre la mercantilización de la tecnociencia, sobre cómo se trabaja en los laboratorios, sobre qué estructuras jerárquicas y de autoridad hacen que la productividad tecnocientífica en los departamentos de I+D cumpla a tiempo los objetivos establecidos por los capitalistas. Al insistir en que los beneficios circulan de una rama de producción a otra advierte que los capitales dominantes en la tecnociencia e I+D extienden sus tentáculos a la totalidad del sistema, y al insistir en el determinante papel de los medios de comunicación para acelerar el acortamiento del tiempo de circulación --una de las obsesiones del capitalismo-- anuncia todos los "descubrimientos" actuales sobre la "economía de la información", y los integra en una concepción más rica y global. Una concepción en la que la capacidad de pensamiento humano ha de emanciparse de la restrictiva dictadura del valor de cambio. Y esta tarea es prioritaria en quienes se autocalifican como "científicos" porque en su misma proceso de trabajo asalariado están las causas de su alienación.
(1) Karl Marx: "El Capital. Crítica de la economía política". FCE. México 1973, Vol. III. Pág. 94.
(2) Karl Marx: "El Capital", Ops. Cit. Pág 95.
(3) Karl Marx: "El Capital Libro I Sexto Capítulo (inédito)". Colección Hilo Rojo, Barcelona 1997, págs 71-72.
(4) Marx y Engels: "Cartas sobre las ciencias de la naturaleza y las matemáticas", Anagrama, Barcelona 1975, y Manuel Sacristán: "El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia". En "Sobre Marx y marxismo". Icaria, Barcelona 1983, y, por no extendernos, J. Zeleny: "La estructura lógica de "El Capital" de Marx", Grijalbo, Barcelona 1974.